No importan los golpes recibidos, las burlas y las críticas hirientes. No hay suegra enemiga. Si se las sabe tratar y poner los límites necesarios, la madre del esposa/o o novia/o no sólo puede ser el mejor aliado de cualquier ser humano en la tierra, sino una amiga/o fiel que defenderá al hijo/a político hasta las causas injustas.
El ingenio popular le dio formas hasta casi mitológicas. Son brujas si con sus palabras envuelven al hijito/a, son monstruos de dos o más cabezas con ocho ojos si están pendientes de todos los detalles de la casa donde no viven; tienen lenguas de dos metros si opinan de los temas que no son de su incumbencia; son seres de hielo si es que permanecen en silencio en una visita y aliadas del diablo cuando no pueden hacerse cargo de los nietos una noche de fin de semana.
¿Cuáles son las buenas? Las que conquistan primero por el estómago (se olvidan relaciones, pero no los platos o los postres que hacía la madre de) y después por el corazón. Esas las que reciben a los yernos o a las nueras con una comida opípara cada vez que se las visita. Las que cuidan con amor de madre a los hijos, fundamentalmente los sábados a la noche. Las que siempre están cuando hay un problema de salud o una urgencia económica.
¿Cómo se la encuentra? Fácil, desde el primer momento hay que cultivar una amistad y abrir el corazón. Escuchar y conocer para establecer, de manera sutil, algunos límites que posibilitarán una relación sincera, franca y amena. Pruebe esta receta y verá que usted también querrá a su suegra.